martes, 27 de febrero de 2018

Desbocada la corrupción en México

El Sur, Periódico de Guerrero
La corrupción en México está sin control, así lo destacan las principales organismos e instituciones que analizan su comportamiento y cuantificación. La organización Transparencia Internacional, por ejemplo, recién dio a conocer su Índice de Percepción de la Corrupción 2017, donde México cayó seis lugares respecto al año pasado al pasar del sitio 129 al 135, de un total de 180 países evaluados. Nuestro país obtuvo una calificación de 29 puntos, en una escala que va de 0 a 100, y a nivel regional se ubicó entre las peores posiciones de América Latina y el Caribe, por debajo de Brasil (en el lugar 96), Argentina (85) o Colombia (96).
Pero hay otros indicadores que observan directamente el desempeño de la administración pública y cuyos resultados negativos pueden relacionarse con la corrupción, éstos son las revisiones a las cuentas publicas de las entidades gubernamentales, que cada año practica la Auditoría Superior de la Federación (ASF).
En su entrega más reciente, la del 20 de febrero de 2017, la ASF encontró que “en 2016, la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano -que encabeza Rosario Robles- desvió 1,747 millones de recursos públicos (…) Y lo hizo usando universidades públicas y televisoras públicas”, según reseña el portal de noticias Animal Político, que también recuerda que el mecanismo empleado para consumar este desvío -conocido como La Estafa Maestra- no había sido utilizado por la Sedatu, pero sí por la Secretaría de Desarrollo Social, precisamente cuando la misma Rosario Robles estuvo al frente.
Esa fuente de noticias también explicó que el desvío de recursos se produce al entregarle contratos millonarios a dependencias públicas aprovechando una excepción a la Ley de Adquisiciones, Arrendamiento y Servicios al Sector establecida en el artículo 1, las cuales a su vez le dan el dinero a empresas privadas, seleccionadas sin licitación. Entre las empresas incluso hay algunas fantasma, ya denunciadas por el Sistema de Administración Tributaria (SAT) por no tener oficinas ni empleados.
En el caso de las entidades federativas, los probables desvíos alcanzan a entidades como Veracruz, Tamaulipas, Quintana Roo. Pero ¿qué encontró la ASF en el caso del estado de Guerrero respecto de los recursos federalizados? Aquí algunos de sus resultados.
Recursos federalizados
Las cuentas públicas que revisó la ASF son del ejercicio 2016, es decir, corresponden enteramente al gobierno de Héctor Astudillo y a las actuales administraciones municipales. Por la cantidad de entidades fiscalizables, la ASF revisa sólo una muestra de dependencias públicas de cada estado y los resultados de la fiscalización se realizaron en tres etapas (junio, octubre y febrero). En esta entrega nos referiremos a las más destacadas de las tres fases.
De acuerdo con el informe ejecutivo de la ASF, en la partida de recursos federalizados programables (Ramo 33, Ramo 25, convenios de descentralización y Subsidios), en el indicador monto observado/muestra auditada, la ASF ubicó a Guerrero en el lugar 14 con 9.0 por ciento (en la revisión integral), es decir, por cada peso transferido por este concepto, se observaron nueve centavos. Hay estados que tienen más observaciones a su gasto como Veracruz con 20.7 por ciento, Morelos (15.6), Baja California Sur (14.7), Michoacán (14.2) y Nuevo León (12.8).
En el caso del ejercicio de las participaciones (recursos no etiquetados, Ramo 28), la muestra auditada fue de 4,960.2 millones de pesos y las observaciones fueron de 390.3 millones de pesos, para un porcentaje de 7.9 por ciento, es decir, de cada peso enviado a Guerrero por concepto de participaciones, fueron observados ocho centavos. Comparado con otros estados, Veracruz tiene 35.7 por ciento, Nuevo León 31, Quintana Roo 63.5 y Zacatecas 28.4.
Sí bien, las cuentas públicas del estado ya no se encuentran entre las que más observaciones tienen en el país, según las comparaciones de la ASF, sí persisten prácticas y omisiones que no han podido desterrarse desde gobiernos anteriores.
Salud, educación e infraestructura
El sector salud continúa siendo uno de los más observados por las revisiones de la ASF; de hecho, el órgano fiscalizador determinó que el gobierno del estado no realizó “una gestión eficiente y transparente de los recursos” de este fondo. Del ejercicio 2016 se revisó el 96 por ciento de los 4,372.4 millones de pesos provenientes del Fondo de Aportaciones para los Servicios de Salud (FASSA), y se detectaron 851.6 millones de pesos como probable daño a la hacienda pública federal, de los cuales 609.3 millones corresponden a impuestos sobre la renta por sueldos y salarios no enterados al SAT; 211.4 millones por no pagar en su totalidad los enteros del SAR y Fovissste, así como 27 millones de préstamos realizados a otros programas, entre otras irregularidades.
Éste ha sido un problema recurrente durante varias administraciones estatales. La Secretaría de Salud nunca ha explicado pública y satisfactoriamente a qué se destinan los recursos –en 2016, más de 800 millones de pesos– que se desvían al no pagarse diversos impuestos de los trabajadores, y esto es particularmente grave cuando hay denuncias constantes por la falta de medicamentos y equipo en casi todos los hospitales y centros de salud del estado.
Lo mismo sucede con el programa Seguro Popular. En este caso, la ASF encontró un probable daño por 49.4 millones de pesos que corresponden al no pagarse los enteros del ISR y Fovissste y SAR. Y del programa Prospera, componente de salud, el gobierno del estado incurrió en inobservancias de la normativa, que generaron un probable daño a la hacienda pública federal por un importe de 63 millones de pesos. También se determinó una afectación a la población objetivo al no ejercer recursos por 142.6 millones de pesos, de las cuales la entidad fiscalizada no acreditó que fueran aplicadas en los objetivos del programa.
El Fondo de Aportaciones para la Nómina Educativa y Gasto Operativo del Ramo 33 es el más cuantioso en el estado, ya que en 2016 recibió 16,542.3 millones de pesos. Durante la revisión de la ASF se determinaron cuantificaciones monetarias por 387.4 millones de pesos, que corresponde a recuperaciones probables, integradas por el pago de 180.7 millones a personal adscrito a centros de trabajo bolsa o personal por reubicar, los cuales no son financiables con el fondo; un millón 200 mil pesos para pagar personal adscrito a centros de trabajo en Guerrero, así como en los estados de Hidalgo y México, los cuales no son compatibles geográficamente; también se determinó la falta de documentación soporte de pagos realizados con recursos de Gasto de Operación por 57 millones de pesos y 148.4 millones, con lo que se pagó personal que no fue localizado durante la verificación física de los centros de trabajo, pero que estuvieron adscritos durante 2016 a los centros de trabajo financiados con el FONE.
En el caso de Fondo de Infraestructura Social para las entidades (FISE), aunque la ASF encontró que el gobierno del estado no dispone de un adecuado sistema de control interno que le permita identificar y atender los riesgos que limitan el cumplimiento de los objetivos del fondo, y además incurrió en incumplimientos de las obligaciones de transparencia, ya que no hizo del conocimiento de sus habitantes el monto de los recursos, las obras y acciones y sus costo, ubicación, metas y beneficiarios, el órgano fiscalizador federal determinó que el gobierno del estado realizó “una gestión eficiente y transparente de los recursos del programa”.
Pero del Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de las Entidades Federativas, la ASF encontró que la administración de Astudillo no realizó una gestión eficiente y transparente de los recursos. Al revisar el 98.5 por ciento de los 1,233.8 millones de pesos transferidos por este fondo, se observó que al 31 de diciembre de 2016, el estado gastó el sólo 47.8 por ciento de los recursos transferidos y al cierre de la auditoría (28 de febrero de 2017) el 64.2 por ciento, lo cual generó opacidad en la aplicación efectiva de los recursos no erogados.
Asimismo, se determinaron posibles daños a la hacienda pública federal por un importe de 4,843.3 miles de pesos, al destinarse a conceptos que no están relacionados con la supervisión y control de las obras realizadas, al pago de gastos indirectos que le corresponden a otros fondos.
Otro fondo que presentó subejercicios es el Fondo de Aportaciones Múltiples, del que se revisó el 59.8 por ciento de los 890.6 millones de pesos recibidos en el estado. Al 31 de diciembre de 2016, el gobierno estatal no había ejercido el 52.8 por ciento de los recursos transferidos y al 31 de julio de 2017, aún no se ejercía el 22.5 por ciento, lo que propició que no se realizara la totalidad de las obras y acciones programadas.
De los recursos ejercidos en el rubro de Infraestructura Educativa, el 1.3 por ciento (11.7 millones de pesos) se destinó al pago de obras de infraestructura básica que no están beneficiando a la población objetivo, ya que no se encuentran terminadas ni en operación; asimismo, se omitió aplicar penas convencionales por incumplimiento de los plazos de ejecución por 2.3 millones, y hacer efectivas las garantías de anticipo y de cumplimiento por un millón de pesos.
Obra pública municipal
Respecto de los recursos transferidos mediante el Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social Municipal y de las Demarcaciones Territoriales del Distrito Federal (FISMDF), en general, la ASF concluyó que los ayuntamientos guerrerenses evaluados no disponen de un adecuado sistema de control interno que les permita identificar y atender los riesgos que limitan el cumplimiento de los objetivos del FISMDF, la observancia de su normativa y el manejo ordenado, eficiente y transparente de los recursos, lo que incidió en las irregularidades determinadas. Igualmente, las revisiones determinaron incumplimientos en las obligaciones de transparencia, ya que los municipios no proporcionaron a la SHCP los informes previstos por la normativa sobre el ejercicio y destino de los recursos, ni tampoco se realizó el Programa Anual de Evaluaciones ni se realizaron evaluaciones sobre los resultados del fondo, lo cual limitó al municipio conocer sus debilidades y áreas de mejora.
Su conclusión es que los ayuntamientos revisados no realizaron una gestión eficiente y transparente de los recursos del FISMDF. A todos los ayuntamientos les observaron la adquisición de fertilizante con recursos de este fondo, aunque nunca lo menciona por su nombre, sino que los denomina “proyectos que no están considerados en los lineamientos establecidos por la Sedesol y no cuentan con la opinión favorable de esta dependencia federal para considerarse como proyectos especiales, y tampoco corresponden a los rubros establecidos en la Ley de Coordinación Fiscal”.
Es el caso de Acatepec, que invirtió 16.6 millones de pesos (11.5% del FISMDF) al programa de fertilizante; Ayutla, con 50.3 millones de pesos (33.6% de lo asignado); Chilapa, con 40.1 millones (17.2% de lo asignado); Ometepec, que invirtió 19.7 millones de pesos (17.4%); y Chilpancingo, que gastó 13.6 millones de pesos en la compra de fertilizante (8.7% del FISMDF), y San Luis Acatlán (29.9 millones).
En particular, de Acapulco indicó que al 31 de diciembre de 2016 gastó sólo el 70.7 por ciento de los recursos transferidos y al cierre de la auditoría (31 de mayo de 2017) el 94.5 por ciento, y esto generó opacidad en la aplicación efectiva de los recursos no erogados. Asimismo, se le determinaron cuantificaciones monetarias por 15.1 millones de pesos que corresponde a recuperaciones probables, integradas por 10.5 millones de transferencias a otras cuentas del municipio, las cuales no fueron reintegradas a la cuenta del fondo, el pago de un millón y medio con recursos del FISMDF que se debieron pagar con recursos del Fortamundf 2017, y el pago de 3 millones por concepto de copias, impresiones, escaneos de expedientes de obra y servicios de integración de expedientes, acciones que no están comprendidas dentro del catálogo del fondo.
Revisión ciudadana
Son numerosas las revisiones realizadas por la ASF a las entidades gubernamentales en el ejercicio 2016 en sus tres etapas, que sería imposible resumir en este espacio. Queda, sin embargo, la sensación de que detrás de cada observación del órgano fiscalizador federal hay una presunción de corrupción, y en el mejor de los casos, de ineficiencias e incapacidades de las entidades gubernamentales para hacer un ejercicio eficiente de los recursos públicos.
La ciudadanía debe aprender a analizar los resultados de estas revisiones, porque para la exigencia de una gestión pública sin corrupción, ya no sólo es necesaria la buena fe y la confianza en los gobernantes; hace falta una actuación más activa.

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